Cómo disfrutar a Dios y cómo practicar el disfrute de Diospor Witness Lee
ISBN: 978-0-7363-6564-2
Copia impresa: Living Stream Ministry disponible en línea
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Si somos capaces de restringirnos y volvernos al Espíritu de esta manera, no debemos abrir inmediatamente nuestra boca para orar. En el capítulo 5 consideramos diez puntos a los que debemos prestar atención cuando oremos. Después de estar calmados debemos contemplar a Dios. Esto significa que a fin de orar, primero debemos tocar a Dios. Primeramente debemos tocar a Dios antes de poder orar. Esto significa que nuestro espíritu debe tocar el Espíritu de Dios. Cuando estamos ocupados con muchas cosas externas, no nos es posible tocar a Dios. Cuando queramos orar, debemos liberarnos de toda ocupación, detener toda actividad mental y volver todo nuestro ser de las cosas externas a nuestro espíritu. Debemos aprender a ejercitar nuestro espíritu para tocar al Espíritu de Dios. Entonces aprenderemos a contemplar a Dios. Debido a que Dios es Espíritu y mora en nuestro espíritu, no es difícil tocarle. Cuando todo nuestro ser está ocupado, y vivimos en nuestra mente, Dios parece desaparecer. Sin embargo, no es que Él haya desaparecido, sino que nosotros le hemos dado la espalda y ya no lo estamos contemplando. Pero tan pronto como nos liberamos de nuestros pensamientos y nos volvemos de las cosas externas a nuestro espíritu, de inmediato tocamos a Dios. Esto es lo que significa contemplar a Dios, y lo que significa tocar Su presencia en nuestro espíritu. En cuanto tocamos a Dios en nuestro espíritu, nos sentimos sólidos interiormente; sentimos que tenemos la unción y el mover del Espíritu Santo. Es en ese momento que podemos abrir nuestra boca para orar.
Algunos dirán que les es difícil volverse a su espíritu y contemplar a Dios de esta manera. Los nuevos creyentes probablemente encontrarán difícil practicar el orar de esta manera. Si una persona no es capaz de volverse a su espíritu ni estar calmada, puede empezar leyendo la Palabra. Puede usar las palabras de la Biblia para calmar sus pensamientos a fin de volverse a su espíritu. Puede convertir en oración las palabras que más le hayan impresionado. Ésta es una manera fácil de volvernos a nuestro espíritu.
Algunos santos son capaces de volverse directamente a su espíritu sin ninguna ayuda. Siempre que oran, sólo necesitan cerrar sus ojos, y pueden detener todo su ser. A veces ni siquiera necesitan cerrar los ojos, sino que pueden volverse a su espíritu aun mientras que los que están a su lado les hablan. Las distracciones no los perturban. Un hermano dijo que había aprendido a orar aun mientras otros discutían frente a ellos. Él podía orar calmadamente para contactar al Señor, sentir Su presencia y ser introducido en el Espíritu Santo, por fuerte que la otra persona le gritara. Una persona así es muy experimentada en su espíritu; su espíritu es muy fuerte, pues puede controlarse y no molestarse con nada. Cuando desea orar, puede volver todo su ser a su espíritu.
Sin embargo, muchos hermanos y hermanas no han aprendido a orar de esta manera. Ni siquiera pueden estar calmados cuando están solos, mucho menos cuando otros discuten y pelean frente a ellos. Esto muestra que no están restringidos delante de Dios y que son inmaduros en el Señor. Nunca debemos pensar que una persona es madura simplemente porque ha sido cristiana por muchos años. La madurez no se mide por el número de años que uno tenga de cristiano, ni depende de la cantidad de enseñanzas que uno conozca. En vez de ello, la madurez está relacionada con nuestra capacidad para estar calmados y para volvernos a nuestro espíritu cuando oramos. Si podemos hacer esto, somos relativamente maduros. Pero si no podemos hacerlo, somos todavía muy jóvenes y no somos capaces de restringirnos a nosotros mismos. Por esta razón, debemos continuar ejercitándonos hasta que podamos detenernos y volvernos a nuestro espíritu cuando vayamos a orar.
Es posible que no se nos haga fácil empezar a practicar, y tal vez necesitemos usar la Biblia. En ese caso, podemos leer la Biblia sin prisa, permitiendo que la Palabra de Dios toque nuestro ser interior. En ese momento debemos convertir en oración las palabras de la Biblia. De este modo, nos será fácil estar calmados y volvernos a nuestro espíritu. Entonces podremos contemplar a Dios y podremos verle; nuestro espíritu contactará a Dios, y podremos ofrecer oraciones genuinas.
Mientras ofrecemos tales oraciones, aún debemos prestar atención al asunto de tocar a Dios. Una vez que dejemos de tocarle, no debemos forzarnos a orar; más bien, debemos continuar leyendo la Palabra. Debemos usar la Biblia como nuestro apoyo para disfrutar a Dios por medio de la oración. Una vez que estemos calmados y podamos tocar nuestro espíritu mediante la lectura de la Palabra, podemos empezar a orar nuevamente. En resumen, no necesitamos forzarnos a orar cuando nuestro espíritu esté seco y no podamos tocar a Dios. Si nos forzamos a nosotros mismos, nuestro espíritu no recibirá ningún beneficio, sino que posiblemente será perjudicado. En esos momentos, lo mejor es dejar de orar y continuar leyendo la Palabra.
Las únicas oraciones que tocan a Dios son aquellas que se ofrecen en el Espíritu. Únicamente mediante estas oraciones podemos recibir a Dios. Debemos orar de esta manera, no sólo por la mañana cuando contactamos a Dios, sino también en nuestro tiempo de oración durante el día. Mientras oramos, debemos siempre experimentar el agua que refresca, la unción y la presencia divina. Pero si mientras oramos por algo en particular nos sentimos secos y carentes de Dios, debemos dejar de orar y cambiar la dirección o el tema de nuestra oración hasta que toquemos a Dios. Entonces podremos continuar orando. Si hacemos esto, podremos permanecer en el espíritu mientras oramos.
Debemos practicar el orar en el Espíritu Santo. Que el Señor nos conceda Su gracia para que aprendamos a orar en el Espíritu Santo, y ofrezcamos oraciones que nos lleven a tocar a Dios y a absorberle.
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